Cuando todas las imágenes se ponen en un mismo nivel, alimentando y retroalimentando continuamente un universo escópico/imagético ya de por sí colapsado, se ponen en juego los regímenes de visualidad y los modos de leer el mundo por medio de lo observable.
Frente a la saturación de imágenes digitales que domina la cultura contemporánea, esta instalación busca poner en evidencia la obsolescencia maquínica, subrayando un memento mori en clave tecnificada donde los residuos de nuestras tecnologías devienen arqueología. Todo (humanos, animales, plantas y –también- máquinas) tiene fecha de vencimiento. Se construye desde la desidia el relato de un mundo colapsado, hacinado, pulsando su fin.
Esta instalación es un trabajo de investigación por el arte que se desarrolló en clases de nivel secundario en el Instituto Evangélico de la Asamblea Cristiana (Los Polvorines, Buenos Aires), en Taller de Introducción a los Estudios Culturales y Taller de Nuevos Medios, dos espacios de reflexión crítica y abordajes transversales de las problemáticas concernientes al presente, desde las Ciencias Sociales y Humanísticas.











